Con pocas medidas de protección ante el COVID-19, los trabajadores agrícolas se enfrentan a una dura decisión: salvaguardar sus vidas o conservar la estabilidad financiera.

Traducido por Beatriz Oliva 

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Pedro Cabrera Flores, de 70 años, pasó los últimos ocho veranos empacando ejotes en latas, en la ciudad de Gillett en el estado de Wisconsin. Para volver a ser contratado, Pedro tenía que completar la temporada, pero en agosto, tomó la decisión de dejar su trabajo porque se sentía inseguro, dijo. A los nuevos trabajadores no se les practicaron pruebas para detectar el coronavirus, mencionó. “Llegaban y no los ponían en cuarentena”, dijo Cabrera Flores. “Al segundo día empezaban a trabajar, y estas personas venían de lugares donde la pandemia está a todo lo que da”

Seneca Foods, empleador de Cabrera Flores, no hizo comentarios al respecto, a pesar de varias solicitudes que se hicieron.